¡Estamos en la recta final! La gráfica mexicana tiene un nuevo escenario. Tu talento, tu visión y tu técnica son bienvenidos aquí.
Esta obra es acerca del cansancio diario, el agotamiento mental y físico presentes en el cotidiano de las personas que compartimos el espacio urbano. El uso del collage para el fondo y la repetición de este personaje aislado, que se cubre la cabeza en señal de desesperación, representan este ciclo continuo de desgaste, renovación y construcción.
Juego de pelota La obra busca generar una crítica social desde la gráfica al mundial celebrado en México el presente año 2026, el país fue sede del evento y dejó entrever diferentes acontecimientos sociales cuestionables que sucedieron antes y durante dicho evento. La obra es una metáfora del rechazo e indignación que sintió una mayoría de Mexicanos al mundial del 2026 y a acontecimientos locales e internacionales tales como: -México fue el país sede pero los mexicanos no fueron invitados, fue un mundial inaccesible para el ciudadano promedio por los exorbitantes costos para ver en vivo un partido. -Se jugaron partidos en un estadio (Akron de Jalisco), donde antes de los partidos se encontraron fosas de restos humanos y donde literalmente jugaron sobre un cementerio. -Se lleva a cabo un mundial en un contexto de guerra donde el gobierno de Estados Unidos y el Gobierno de Israel atacaron a Irán. - desalojos en la ciudad de México y otras cosas más. La obra juego de pelota genera cuestionamientos de estos acontecimientos y busca evidenciar que lamentablemente las instituciones deportivas globales ya no son más que pretextos para coordinar el poder político y al poder económico en la capitalización de nuestros valores más inmateriales.
Torito de Carnaval inmortaliza el clímax y la catarsis colectiva del Carnaval Xhita de Jilotepec, la quema del torito. En la cosmogonía local, el fuego no solo marca el cierre del ritual, sino que actúa como una ofrenda de purificación y renovación para el ciclo agrícola que comienza. A través de un tipo de manera negra en linolieo, el blanco irrumpe dramáticamente en la penumbra de la tinta, traduciendo la luz resultante de la pirotecnia en un dinamismo gráfico de alto contraste. El portador sostiene el torito ante la mirada del pueblo y los Xhitas, reafirmando la fuerza física, la devoción y el sentido de identidad comunitaria que sostienen viva la tradición. El grabado dialoga visualmente con el torito en miniatura, transitando de la materia tangible carrizo, cartonería y color a partir de grabados a la memoria gráfica del ritual.